COLUMNISTA

A MI ME GUSTA SER CALDENSE
Por Fernando de J. Gómez

Desde el tiempo en que me debatía entre trabajos y obligaciones en mi por siempre recordado Colegio Nazario Restrepo, he escuchado a cerca de las múltiples propuestas y deseos de puñados de coterráneos que cada uno en su época, han buscado opciones para trasladar nuestro municipio al departamento de Risaralda; razones bastante válidas, teniendo en cuenta el poco apoyo que los gobernantes elegidos por los conciudadanos en arduos combates electorales, rápidamente, periodo tras periodo, olvidan fácilmente las promesas hechas, obligando a nuestra Administración Municipal a batirse con recursos propios y las pocas transferencias de la nación, que en su afán de mermar los focos de corrupción, recorta cada día los presupuestos a los municipios de nuestra categoría.

Alguna vez decidí analizar desde mi humilde punto de vista, cuales serían las consecuencias que dicho cambio de departamento traería para la gente del común, además, si razonablemente nuestro estatus y desarrollo si mejoraría de verdad.

Inicialmente todos aquellos documentos donde debería aparecer el sitio de origen y demás, tendrían que sufrir los drásticos cambios de tipo legal, obligándonos a todos a entrar en tediosos procesos y enredos posiblemente jurídicos, sin contar el evadido tema de siempre como sería el de renovar nuestros documentos de identificación. Pienso que buscar medidas tan drásticas, buscando captar más atención para nuestro municipio, no nos traería al final muchos beneficios como se piensa, y más, si para algunos de nosotros el tema sentimental prima en este tipo de situaciones. Soy de las personas que valora el suelo que me ha visto crecer, y me ha dado el sustento para vivir. ¿Se imaginan que en nuestra región suramericana, por querer tener un poco mas de dinero fuéramos adheridos a nuestra vecina Venezuela? Yo no estaría de acuerdo con eso. Lo que podemos hacer, es acercarnos más a nuestra capital Manizales, y encaminar nuestro esfuerzo a una vía de reconciliación con la gobernación, para que tome como propio a nuestro pueblo; pues nací de sangre caldense, he recorrido las agrestes montañas del departamento respirando profundamente el aire de los cafetales de cualquier finca de esta región, sintiéndome orgulloso de mi original hogar. Por eso, antes de pensar en beneficios materialistas que sólo aparecen como posibles circunstancias, ahondemos nuestro amor de patria chica, para que nuestra sangre caldense siga corriendo por nuestro cuerpo, y sea transmitida como tal a nuestras próximas generaciones.