ALEMANES EN VITERBO
Por Nelson Hincapié López
Economista
Fue muy grato acompañar a un buen número de amigos alemanes, dos norteamericanos y una bella dama francesa, que arribaron a Colombia para estar en la boda de una de nuestras hijas (Paula María) y, que dentro de los planes de viaje por el país, tuve la osadía de invitarlos a conocer Viterbo, el lunes 29 de septiembre del años en curso (2008). Digo osadía, porque ninguno de ellos conocía nuestro país y era sumamente arriesgado traerlos a nuestra provincia, donde muchas veces no se tiene la infraestructura de las grandes ciudades, tanto hotelera como gastronómica, de transporte, de servicios públicos etc.
Para empezar, tenía que indicarles la ruta a seguir e informarles que el aeropuerto de llegada queda ubicado en Pereira, departamento de Risaralda, a cuarenta minutos de nuestro destino y que el municipio sede del periplo por el eje cafetero, pertenece al departamento de Caldas y más aún que los parques temáticos que visitaríamos quedaban a una hora y quince minutos y que están ubicados en el departamento del Quindío. Ya de entrada se les formó una pequeña confusión acerca de su ubicación, la cual se fue aclarando a medida que se les explicaba todo lo relacionado con el primer producto de exportación que otrora tuvo nuestro país, como fue el monocultivo del café y adquirieron mayor claridad cuando se les habló de la región como “la zona cafetera” de Colombia, en lugar del “eje cafetero”, pues no entendían el significado de la palabra “eje” para la región.
El arribo a Pereira se llevó sin ningún contratiempo y la buseta que nos esperaba de la empresa Transportes Zapata, con puntualidad inglesa y su conductor Carlos Sánchez, persona de gran educación y amabilidad, hizo el recorrido en el que recrearon su vista contemplando las variadas tonalidades del color verde y donde no dieron tregua a sus cámaras tomando las impresiones del bello paisaje.
A las dos de la tarde se les tenía preparado un almuerzo típico de la región, a base de fríjoles cargamanto y especialmente acompañados de los famosos chorizos ahumados, todo esto previo a una muestra de frutas exóticas para ellos, como granadillas, zapotes y mandarinas y por supuesto que no podía faltar el aperitivo con nuestro aguardiente y de pasante mangos y uchuvas que nos tenían preparado el mayordomo Carlos Alberto Padilla y su señora Nancy, quienes atienden la hermosa Hacienda Guayabito, uno de los eco y agro hoteles que tiene Viterbo.
No podíamos perder ni un solo minuto de nuestro viaje y por ello en la tarde los llevamos a disfrutar nuestro bello pueblo, donde conocieron la alcaldía, la iglesia de La Inmaculada, el parque central, las amplias calles, visitaron varios almacenes, los diferentes Café Internet y la Galería de Arte Yuruparí, donde el maestro Diego Panesso les obsequió con su sabia y delicada prosa una disertación sobre las obras exhibidas y les explicó con lujo de detalles sus hermosas esculturas.
Posteriormente, no podía faltar la visita a Cameloc donde su anfitrión Nelson López, tenía preparada la llegada con el himno de Alemania y la música tradicional de su país que los obligó a cantar y a bailar en la calle. No puedo dejar de mencionar un conjunto de cuatro niños entre los ocho y los once años, quienes brindaron un espectáculo de guitarra y sintetizador y que con sus bellas, melodiosas y angelicales voces los dejaron gratamente impresionados. Y tampoco podía faltar la Banda Sinfónica Juvenil del Colegio Nazario Restrepo, que con su director Alejandro Días Jiménez, les ofreció un concierto de bambucos y temas tropicales colombianos que admiraron y aplaudieron fuertemente.
Me propuse esta tarea con el fin de dar ejemplo a nuestros coterráneos que se encuentran fuera de Colombia, para que no tengan temor de invitar a sus amigos de otras latitudes a Viterbo, a fin de que disfruten de su clima, de sus bellas mujeres, de su gente acogedora, de su topografía y de su verde paisaje, pues con ello le daremos importancia a nuestro municipio y sin proponerlo, lograremos ayudas de diferente orden para nuestros colegios y sus bandas. Lo digo con conocimiento de causa, porque estos amigos que nos visitaron, además de ser poseedores de una vasta cultura, son grandes aficionados a la música y por ello me prometieron conseguir en su país instrumentos que a nosotros nos pueden servir.
En completa paz transcurrió su estadía en nuestra patria chica, atendidos en los diferentes restaurantes con comidas típicas e internacionales y en muchos casos no fue necesario de interpretes pues también se les habló en inglés y no faltó que alguien les ofreciera sus platos en alemán, como ocurrió en el restaurante de la carne a la parrilla, donde se sintieron en su propia casa.
La fiesta de soltero de Wolfram Weber, la llevaron a cabo el miércoles primero de octubre, en una hermosa cabaña del condominio Villa Tulia, donde disfrutaron del clima, la piscina, el billar y un asado que prepararon a su peculiar estilo y donde consumieron una apreciable dosis de cerveza como buenos alemanes, hasta altas horas de la noche, para emprender el regreso de nuevo a Bogotá el jueves dos, después de una cabalgata por los diferentes condominios que circundan a Viterbo y que incluyó la vereda El Socorro.
Por Nelson Hincapié López
Economista
Fue muy grato acompañar a un buen número de amigos alemanes, dos norteamericanos y una bella dama francesa, que arribaron a Colombia para estar en la boda de una de nuestras hijas (Paula María) y, que dentro de los planes de viaje por el país, tuve la osadía de invitarlos a conocer Viterbo, el lunes 29 de septiembre del años en curso (2008). Digo osadía, porque ninguno de ellos conocía nuestro país y era sumamente arriesgado traerlos a nuestra provincia, donde muchas veces no se tiene la infraestructura de las grandes ciudades, tanto hotelera como gastronómica, de transporte, de servicios públicos etc.
Para empezar, tenía que indicarles la ruta a seguir e informarles que el aeropuerto de llegada queda ubicado en Pereira, departamento de Risaralda, a cuarenta minutos de nuestro destino y que el municipio sede del periplo por el eje cafetero, pertenece al departamento de Caldas y más aún que los parques temáticos que visitaríamos quedaban a una hora y quince minutos y que están ubicados en el departamento del Quindío. Ya de entrada se les formó una pequeña confusión acerca de su ubicación, la cual se fue aclarando a medida que se les explicaba todo lo relacionado con el primer producto de exportación que otrora tuvo nuestro país, como fue el monocultivo del café y adquirieron mayor claridad cuando se les habló de la región como “la zona cafetera” de Colombia, en lugar del “eje cafetero”, pues no entendían el significado de la palabra “eje” para la región.
El arribo a Pereira se llevó sin ningún contratiempo y la buseta que nos esperaba de la empresa Transportes Zapata, con puntualidad inglesa y su conductor Carlos Sánchez, persona de gran educación y amabilidad, hizo el recorrido en el que recrearon su vista contemplando las variadas tonalidades del color verde y donde no dieron tregua a sus cámaras tomando las impresiones del bello paisaje.
A las dos de la tarde se les tenía preparado un almuerzo típico de la región, a base de fríjoles cargamanto y especialmente acompañados de los famosos chorizos ahumados, todo esto previo a una muestra de frutas exóticas para ellos, como granadillas, zapotes y mandarinas y por supuesto que no podía faltar el aperitivo con nuestro aguardiente y de pasante mangos y uchuvas que nos tenían preparado el mayordomo Carlos Alberto Padilla y su señora Nancy, quienes atienden la hermosa Hacienda Guayabito, uno de los eco y agro hoteles que tiene Viterbo.
No podíamos perder ni un solo minuto de nuestro viaje y por ello en la tarde los llevamos a disfrutar nuestro bello pueblo, donde conocieron la alcaldía, la iglesia de La Inmaculada, el parque central, las amplias calles, visitaron varios almacenes, los diferentes Café Internet y la Galería de Arte Yuruparí, donde el maestro Diego Panesso les obsequió con su sabia y delicada prosa una disertación sobre las obras exhibidas y les explicó con lujo de detalles sus hermosas esculturas.
Posteriormente, no podía faltar la visita a Cameloc donde su anfitrión Nelson López, tenía preparada la llegada con el himno de Alemania y la música tradicional de su país que los obligó a cantar y a bailar en la calle. No puedo dejar de mencionar un conjunto de cuatro niños entre los ocho y los once años, quienes brindaron un espectáculo de guitarra y sintetizador y que con sus bellas, melodiosas y angelicales voces los dejaron gratamente impresionados. Y tampoco podía faltar la Banda Sinfónica Juvenil del Colegio Nazario Restrepo, que con su director Alejandro Días Jiménez, les ofreció un concierto de bambucos y temas tropicales colombianos que admiraron y aplaudieron fuertemente.
Me propuse esta tarea con el fin de dar ejemplo a nuestros coterráneos que se encuentran fuera de Colombia, para que no tengan temor de invitar a sus amigos de otras latitudes a Viterbo, a fin de que disfruten de su clima, de sus bellas mujeres, de su gente acogedora, de su topografía y de su verde paisaje, pues con ello le daremos importancia a nuestro municipio y sin proponerlo, lograremos ayudas de diferente orden para nuestros colegios y sus bandas. Lo digo con conocimiento de causa, porque estos amigos que nos visitaron, además de ser poseedores de una vasta cultura, son grandes aficionados a la música y por ello me prometieron conseguir en su país instrumentos que a nosotros nos pueden servir.
En completa paz transcurrió su estadía en nuestra patria chica, atendidos en los diferentes restaurantes con comidas típicas e internacionales y en muchos casos no fue necesario de interpretes pues también se les habló en inglés y no faltó que alguien les ofreciera sus platos en alemán, como ocurrió en el restaurante de la carne a la parrilla, donde se sintieron en su propia casa.
La fiesta de soltero de Wolfram Weber, la llevaron a cabo el miércoles primero de octubre, en una hermosa cabaña del condominio Villa Tulia, donde disfrutaron del clima, la piscina, el billar y un asado que prepararon a su peculiar estilo y donde consumieron una apreciable dosis de cerveza como buenos alemanes, hasta altas horas de la noche, para emprender el regreso de nuevo a Bogotá el jueves dos, después de una cabalgata por los diferentes condominios que circundan a Viterbo y que incluyó la vereda El Socorro.
El viernes diez de octubre de 2008, partieron los once alemanes rumbo a su patria, con la convicción de que visitaron un hermoso país y un rico y ubérrimo valle como es el del Risaralda y con la promesa de su regreso con otro grupo de amigos que quieren conocer Colombia, el 19 de abril de 2011 para las fiestas aniversarias del centenario de Viterbo.